Crese podría desembarcar en Río Cuarto para reemplazar a Gamsur

. domingo, 3 de mayo de 2009
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Jure se reunirá mañana con Giacomino para que la empresa estatal de la capital recoja la basura en Río Cuarto.

Juan Jure está negociando con Daniel Giacomino, el intendente de Córdoba, el desembarco en Río Cuarto de la empresa estatal Crese, que empezó a recolectar los residuos en la capital provincial el 1º de febrero, después de que se hiciera insostenible el contrato con Cliba.

Los dos intendentes se reunirán mañana en Córdoba y analizarán en detalle un esquema que ya hablaron por teléfono. Jure quiere que la sociedad del Estado que Giacomino diseñó para su ciudad reemplace a Gamsur en Río Cuarto.

Según indicaron fuentes confiables del gobierno, ésa es la principal alternativa que actualmente analiza el gobierno. Jure le ve varias ventajas a la opción Crese: por un lado, como es una empresa estatal no debería pasar por una licitación para quedarse con la recolección; además, se evitará el pago del IVA y del impuesto a las Ganancias y así se logrará el objetivo de ahorrar 500 mil pesos por mes, que fue la causa que decidió al gobierno a reemplazar a Gamsur.

Una sociedad de economía mixta, al tener participación privada, tiene que pagar los impuestos nacionales y, por lo tanto, sufre una fuerte suba en los costos. La municipalización que planteó Jure apuntaba, precisamente, en esa dirección. Con Crese se cumpliría ese objetivo y se evitaría la demora de al menos un mes que consumirá el debate en el Concejo Deliberante la creación de un ente municipal.

Otro factor que pesa en favor de esa alternativa es que Crese ya está en
funcionamiento con 100 camiones en la calle. “Nosotros necesitamos sólo 10 equipos para prestar el servicio y tendríamos toda la logística a sólo 200 kilómetros. Si se nos rompe un camión, rápidamente podría ser reemplazado y el servicio no se resentiría”, manifestó un funcionario del gobierno municipal.

En el Ejecutivo evalúan que si Crese pone un pie en Río Cuarto, la inversión que debería hacer la Municipalidad sería nula. La empresa cordobesa tomaría a los 200 empleados -que cobrarían una indemnización pagada por Gamsur- y el Estado local se ahorraría el dolor de cabeza de absorber a tamaña masa laboral.
Córdoba le habría entusiasmado la idea.

Según manifestaron fuentes del gobierno, la negociación con Giacomino no frena las demás opciones que se están estudiando: la creación de un ente municipal descentralizado o de una sociedad del Estado.

Sin embargo, la llegada de Crese es la alternativa que más seduce a Jure.

La empresa estatal de Córdoba capital comenzó a operar el 1º de febrero con 83 camiones, de los cuales 25 habían sido comprados y otros 58 se alquilaron a Cliba, la firma que hasta ese momento prestaba el servicio.

Desde mediados de febrero, Crese (Córdoba Recicla Sociedad del Estado) expandió su flota hasta llegar a los 100 camiones. Actualmente, le hace ahorrar a la administración Giacomino $ 2,5 millones por mes.


Marcos Jure
mjure@puntal.com.ar

“La Justicia nunca ayuda en la búsqueda de un niño perdido”

. domingo, 26 de abril de 2009
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Lidia Grichener es la presidenta de la fundación que busca a menores en el país.

Li­dia Gri­che­ner es la pre­si­den­ta de Mis­sing Chil­dren des­de ha­ce apro­xi­ma­da­men­te 6 años. La or­ga­ni­za­ción que fun­cio­na en Bue­nos Ai­res es una de las más re­co­no­ci­das a ni­vel na­cio­nal en la bús­que­da de me­no­res ex­tra­via­dos, y el vier­nes fir­mó un con­ve­nio con la Se­cre­ta­ría de De­sa­rro­llo Hu­ma­no del Mu­ni­ci­pio pa­ra for­mar una red de in­for­ma­ción.

Pe­se a su re­nom­bre y los bue­nos re­sul­ta­dos que ob­tu­vo en sus 10 años de vi­da, Mis­sing Chil­dren es una mo­des­ta ONG que cuen­ta con só­lo 20 vo­lun­ta­rios en­car­ga­dos de aten­der con­sul­tas te­le­fó­ni­cas en sus ca­sas. Gri­che­ner ase­gu­ra que to­dos lo lo­gros son por el “tra­ba­jo a pul­món” y des­ta­ca la uti­li­dad de con­ve­nios con otras ins­ti­tu­cio­nes pa­ra en­con­trar a los ni­ños.

“To­do chi­co que se pier­de es una ur­gen­cia, pe­ro hay dis­tin­tos ni­ve­les de ur­gen­cia”, co­men­ta la pre­si­den­ta de Mis­sing Chil­dren. Lue­go con­ti­núa: “No es lo mis­mo que se pier­da un chi­co de 4 años, es­tan­do su ma­má en el sub­te, o que ro­ben a un be­bé de un sa­na­to­rio, a un ado­les­cen­te de 15 años que dis­cu­tió con su ma­má y se fue. Pa­ra esa fa­mi­lia sí se­rá lo mis­mo, pe­ro uno tie­ne que pen­sar que una cria­tu­ra no pue­de man­te­ner­se so­la en la ca­lle”.

-¿Cuán im­po­tan­te es la co­la­bo­ra­ción de la gen­te en ca­da ca­so?
-Mu­chas ve­ces nos sor­pren­de lo que es el com­pro­mi­so de la gen­te. Un ca­so pun­tual que to­ma­mos co­mo ejem­plo es el de un be­bi­to que ro­ba­ron de la es­ta­ción de pla­za Mi­se­re­re (Bue­nos Ai­res), a una fa­mi­lia que vi­vía en la es­ta­ción. Uno di­ce: “¿Có­mo ha­ce­mos pa­ra en­con­trar a ese ne­ne?”. Pa­ra en­con­trar­lo en mu­chos ca­sos co­mo es­te, no se tie­nen fo­tos de la cria­tu­ra. Lo que se ha­ce es di­fun­dir la his­to­ria y pe­dir­le a la gen­te que mi­re su con­tex­to. Si en un ba­rrio hay una mu­jer que nun­ca es­tu­vo em­ba­ra­za­da, y de re­pen­te apa­re­ce con un be­bé que no es re­cién na­ci­do. Si es una fa­mi­lia que es­ta­ba en trá­mi­tes pa­ra adop­tar, per­fec­to, pe­ro de lo con­tra­rio lla­ma la aten­ción y pue­de ser un ne­ne ro­ba­do.

Cuen­ta que en aque­lla opor­tu­ni­dad, “de tan­to con­tar la his­to­ria, lle­gó a nues­tra pá­gi­na un mail en el que de­cían que en un ba­rrio ha­bía una mu­jer que te­nía un be­bé, sien­do que nun­ca ha­bía es­ta­do em­ba­ra­za­da y que ja­más ha­bía co­men­ta­do que que­ría te­ner un be­bé.
Lue­go de aná­li­sis re­sul­tó ser él.

3.500 ni­ños en­con­tra­dos

En la ac­tua­li­dad Mis­sing Chil­dren es­tá bus­can­do 239 chi­cos per­di­dos en to­do el país y has­ta el mo­men­to ya ha en­con­tra­do cer­ca de 3.500 jó­ve­nes. “La rea­li­dad es que los chi­cos se en­cuen­tran por ca­sua­li­dad, por­que al­guien es­cu­cha la no­ti­cia, o ve la fo­to, o al­guien es so­li­da­rio, lla­ma por te­lé­fo­no y di­ce: ‘Al chi­co que sa­lió por te­le­vi­sión lo vi en tal lu­gar’”, ase­gu­ra Li­dia Gri­che­ner.

Cuen­ta que el mo­do que se tie­ne a dis­po­si­ción pa­ra en­con­trar a un me­nor es el bo­ca en bo­ca y el apo­yo de la gen­te en la ca­lle. “Un asis­ten­te so­cial o un mé­di­co que lo ha­ya aten­di­do son nues­tras ayu­das, pe­ro siem­pre a tra­vés de la di­fu­sión. Has­ta que no exis­ta la in­ves­ti­ga­ción que de­be­ría ha­ber no te­ne­mos otro mo­do de tra­ba­jar”, de­nun­cia Gri­che­ner.

-¿Sien­te que hay una fal­ta de apo­yo des­de la Jus­ti­cia?
-Siem­pre hay una fal­ta de in­ves­ti­ga­ción. El tra­ba­jo en red es fun­da­men­tal. Si en Río Cuar­to se tra­ba­ja en red con to­das las or­ga­ni­za­cio­nes res­pon­sa­bles, Po­li­cía, Jus­ti­cia, es­cue­las, lo que ten­ga que ver con los me­no­res, to­do se­rá más fá­cil. Por­que cuan­do se pier­de un me­nor, si se pue­de dar aler­ta a to­dos se­rá más sen­ci­llo en­con­trar­lo.

-Pa­ra es­to se ne­ce­si­ta un fuer­te tra­ba­jo de con­cien­ti­za­ción.
-Cla­ro, por eso lo pri­me­ro que hay que ha­cer es que to­dos se­pan que el chi­co es­tá per­di­do. No­so­tros no po­dría­mos ha­cer nues­tro tra­ba­jo sin el com­pro­mi­so de la gen­te. Los que to­dos los días lla­man por te­lé­fo­no pre­gun­tan­do có­mo pue­den apor­tar su gra­ni­to de are­na.
Lo pue­den ha­cer en­tran­do a la pá­gi­na, im­pri­mien­do al­gu­na de nues­tras fo­tos y ex­po­nién­do­la en un lu­gar don­de pa­se mu­cha gen­te. De es­te mo­do te­ne­mos dos po­si­bi­li­da­des, en­con­trar al chi­co y acer­car a otras fa­mi­lias la exis­ten­cia de Mis­sing Chil­dren.

In­ter­cam­bio de in­for­ma­ción

Li­dia Gri­che­ner co­men­ta que des­de la or­ga­ni­za­ción que pre­si­de se de­sa­rro­llan con­ve­nios con mu­chos or­ga­nis­mos, pe­ro siem­pre de acuer­do de di­fu­sión. La par­ti­cu­la­ri­dad del arre­glo con Río Cuar­to, a tra­vés del pro­gra­ma Aler­ta Ni­ño, es que se in­ter­cam­bia­rá in­for­ma­ción de los me­no­res per­di­dos. “Aquí cuan­do se pier­da al­gún chi­co, se en­via­rá to­da su in­for­ma­ción a Mis­sing Chil­dren. Es el tra­ba­jo que ha­cen nues­tros vo­lun­ta­rios, pa­ra que se en­cuen­tre al ni­ño más rá­pi­do”, in­di­ca.

-¿Qué lu­gar ocu­pa la fa­mi­lia en la bús­que­da?
-No­so­tros plan­tea­mos que cuan­do nos lla­ma una fa­mi­lia y nos di­ce que tie­ne a su chi­co per­di­do, to­do lo que ha­ce­mos y les pre­gun­ta­mos no es pa­ra me­ter­nos en su in­te­rior, si­no que es pa­ra orien­tar­nos y sa­ber qué con­se­jos se les pue­de dar. No es lo mis­mo una fa­mi­lia que tie­ne com­pu­ta­do­ra y su hi­jo la usa pa­ra cha­tear a una en la que el me­nor nun­ca tu­vo con­tac­to con In­ter­net. Uno pre­gun­ta si co­no­ció a al­guien, si ha re­ci­bi­do lla­ma­dos te­le­fó­ni­cos di­fe­ren­tes, to­do pa­ra orien­tar a la fa­mi­lia que, en úl­ti­ma ins­tan­cia, es la que ha­ce la ver­da­de­ra bús­que­da.

-¿Qué ame­na­za im­pli­ca In­ter­net co­mo ba­se pa­ra la tra­ta de per­so­nas?
-In­ter­net es ex­traor­di­na­ria, pe­ro de­be­mos ser res­pon­sa­bles en su uso. Cuan­do uno po­ne una fo­to en In­ter­net no la pue­de sa­car más. No hay que po­ner in­for­ma­ción de ami­gos sin con­sul­tar­les ni la de uno mis­mo si no se es­tá se­gu­ro. Del mis­mo mo­do, los me­no­res no de­ben cha­tear con al­guien que no sa­ben quién es. A ve­ces nos lla­man ma­dres con his­to­rias ab­sur­das, pre­gun­tan­do, por ejem­plo, qué ha­cer con su hi­ja que es­tá re­ci­bien­do di­ne­ro por des­nu­dar­se fren­te a una cá­ma­ra en In­ter­net. Hay que usar el sen­ti­do co­mún: ha­blar con la hi­ja, cor­tar In­ter­net, em­pe­zar a pen­sar qué es­tá ha­cien­do el me­nor.

Gri­che­ner se­ña­la que el con­trol por par­te de los pa­dres es fun­da­men­tal pa­ra que no se pro­duz­can di­fi­cul­ta­des. “Ya no es un con­se­jo de Mis­sing Chil­dren, si­no que es la fa­mi­lia quien de­be ac­tuar”, ase­gu­ra, y lue­go agre­ga: “No­so­tros siem­pre de­ci­mos que la com­pu­ta­do­ra no de­be es­tar en un es­pa­cio ce­rra­do, si­no don­de pa­sen to­dos. No en to­dos los lu­ga­res se pue­de ha­cer es­to, pe­ro sí se pue­de con­sul­tar con el pro­vee­dor de In­ter­net por fil­tros o me­di­das pre­ven­ti­vas pa­ra cui­dar a los chi­cos que no pue­den dis­cer­nir”.

Per­di­dos más pe­que­ños

La pre­si­den­ta de Mis­sing Chil­dren se­ña­la que la edad de los chi­cos per­di­dos ca­da vez es más ba­ja. “Cuan­do se tra­ta de los jó­ve­nes que se van de la ca­sa, ha­ce cua­tro años se ha­bla­ba de una edad pro­me­dio de 14 años, hoy te­ne­mos chi­cos de 11”, afir­ma Gri­che­ner y con­clu­ye: “Un me­nor de esa edad que to­me la de­ci­sión de aban­do­nar su ho­gar es alar­man­te”.

“Nos preo­cu­pan es­tas eda­des por­que no es­tán del to­do for­ma­dos -con­ti­núa la res­pon­sa­ble de la ONG-. Has­ta que no apa­re­cen es pro­ble­má­ti­co, por­que por más que sea una tra­ve­su­ra, has­ta que no vuel­ve no se los pue­de de­jar de bus­car”.

Con­sul­ta­da por la po­si­ble vin­cu­la­ción de Río Cuar­to a una red na­cio­nal de tra­ta de per­so­nas, Gri­che­ner in­di­ca que no tie­ne pre­sen­te a nues­tra ciu­dad co­mo una de pa­so en es­ta pro­ble­má­ti­ca. “Pe­ro de to­das for­mas las re­des se van mo­vien­do, cuan­do son co­no­ci­das en un lu­gar ya no tie­ne sen­ti­do que es­tén allí y se mue­ven”, co­men­ta.

-De to­das for­mas el cen­tro del país es­tá re­la­cio­na­do a la tra­ta.
-El cen­tro del país es­tá afec­ta­do, pues mu­chas chi­cas son en­via­das a la fron­te­ra del nor­te.
No obs­tan­te, la in­for­ma­ción que se tie­ne pre­sen­ta a Bue­nos Ai­res co­mo el ori­gen de la ma­yo­ría de los chi­cos, por­que es don­de más se co­no­ce a Mis­sing Chil­dren. A me­di­da en que nos co­no­ce­mos en otros lu­ga­res va­mos re­ci­bien­do más de­nun­cias. En to­das las ciu­da­des gran­des hay mu­chos ca­sos, pe­ro en Ba­hía Blan­ca, por ejem­plo, tu­vi­mos la ex­pe­rien­cia de que cuan­do se ins­ta­ló la or­ga­ni­za­ción ha­bla­mos con jue­ces de me­no­res y nos di­je­ron que no ha­bía mu­chos chi­cos per­di­dos. En un año re­ci­bi­mos ca­si 100 de­nun­cias allí.

Gri­che­ner acla­ra que “en otros la­dos no es que ha­ya me­nos ca­sos de chi­cos per­di­dos, si­no que al no di­fun­dir­se no se tie­ne co­no­ci­mien­to”. In­di­ca que es por ello que des­ta­can la im­por­tan­cia del con­ve­nio con la Mu­ni­ci­pa­li­dad, “por­que al te­ner más di­fu­sión tam­bién se ten­drá más po­si­bi­li­dad de lle­gar a más gen­te”, se­ña­la.

-¿Han re­ci­bi­do pe­di­dos de co­la­bo­ra­ción des­de Río Cuar­to?
-Cons­tan­te­men­te se man­dan pe­di­dos de bús­que­da des­de el juz­ga­do de Jo­sé Va­re­la Geu­na (juez de Me­no­res de nues­tra ciu­dad), en nues­tra pá­gi­na se pre­sen­tan las fo­to­gra­fías de los chi­cos ex­tra­via­dos aquí. Tu­vi­mos to­do el tiem­po el ca­so del pe­que­ño Ale­jan­dro Flo­res, no es só­lo de un lu­gar nues­tro tra­ba­jo.

-¿Có­mo se pro­ce­de con es­tos ca­sos del in­te­rior del país?
-Se ha­ce siem­pre una ges­tión con or­ga­nis­mos ju­di­cia­les, más allá de la di­fu­sión de la in­for­ma­ción. De to­das for­mas, en ca­da ca­so se ac­túa di­fe­ren­te y de acuer­do al con­tex­to en el que se dé. Por eso tam­bién es im­por­tan­te que se tra­ba­je con gen­te que co­noz­ca el fun­cio­na­mien­to de Río Cuar­to. Se sa­brá qué me­dios uti­li­zar y qué me­di­das to­mar pa­ra en­con­trar a los chi­cos.

Luis Sch­loss­berg
lsch­loss­berg­@pun­tal­.co­m.ar

93%
de los ca­sos que lle­ga­ron a ma­nos de la or­ga­ni­za­ción Mis­sing Chil­dren tu­vie­ron un buen des­en­la­ce y los me­no­res fue­ron en­con­tra­dos.

La búsqueda de los niños

En su pá­gi­na web www­.mis­sing­chil­dre­n.or­g.ar, la or­ga­ni­za­ción pre­sen­ta a to­dos los me­no­res per­di­dos que es­tán sien­do bus­ca­dos. En­tre los ob­je­ti­vos de la ONG des­ta­can:

“Orien­tar a la fa­mi­lia en los pa­sos a se­guir en la bús­que­da; co­la­bo­rar con la Jus­ti­cia y las fuer­zas de se­gu­ri­dad ha­cien­do un se­gui­mien­to de las ins­tan­cias ju­rí­di­cas e in­ves­ti­ga­ti­vas; di­fun­dir a tra­vés de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción las fo­tos de los me­no­res; de­sa­rro­llar un tra­ba­jo en red con ins­ti­tu­cio­nes pú­bli­cas y pri­va­das re­la­cio­na­das con el te­ma; y con­cien­ti­zar a la so­cie­dad so­bre la gra­ve­dad de es­ta pro­ble­má­ti­ca”.

En ca­so de te­ner in­for­ma­ción de al­gu­no de los me­no­res ex­tra­via­dos o de que­rer co­la­bo­rar con la or­ga­ni­za­ción se pue­de lla­mar al (011) 47979006 o es­cri­bir al co­rreo elec­tró­ni­co in­fo­@mis­sing­chil­dre­n.or­g.ar.

El “Alerta Niño” y el convenio con el Municipio

El vier­nes se fir­mó el con­ve­nio en­tre Mis­sing Chil­dren y la Se­cre­ta­ría de De­sa­rro­llo Hu­ma­no. En el ac­to Jor­ge Mon­tón, res­pon­sa­ble de es­ta área del Mu­ni­ci­pio, se­ña­ló que “te­ne­mos que in­vo­lu­crar­nos en la pre­ven­ción y la di­fu­sión pa­ra tra­tar de mi­ni­mi­zar los da­ños de es­ta pro­ble­má­ti­ca que afec­ta a ni­ños y jó­ve­nes”.

In­di­có que si bien es una pro­ble­má­ti­ca que se da con más fre­cuen­cia en las ciu­da­des más gran­des, “to­dos sa­be­mos que se ha ex­ten­di­do, y lo­ca­li­da­des me­dia­das co­mo la nues­tra la su­fren en gran me­di­da. De he­cho he­mos te­ni­do mu­chos ca­sos en los úl­ti­mos años”.

Jor­ge Mon­tón co­men­tó có­mo se ac­tua­rá des­de la se­cre­ta­ría pa­ra en­fren­tar la pro­ble­má­ti­ca. “A tra­vés del Área de De­re­chos Hu­ma­nos se tra­za­ron dos lí­neas de ac­ción: el con­tac­to y con­ve­nio de tra­ba­jo con Mis­sing Chil­dren, y a la vez, se plan­tea con es­ta pro­ble­má­ti­ca vin­cu­la­da a la tra­ta de per­so­nas, la ela­bo­ra­ción de una or­de­nan­za pa­ra la for­ma­ción del pro­gra­ma Aler­ta Ni­ño”, indicó el fun­cio­na­rio.

44%
de los ca­sos de ni­ños per­di­dos que ma­ne­ja Mis­sing Chil­dren se de­ben al aban­do­no del ho­gar por una cri­sis de iden­ti­dad.

Difusión del hecho y contención desde la familia

“Lo más im­por­tan­te es tra­ba­jar en red, por­que el pro­ble­ma de un chi­co per­di­do nos con­vo­ca a to­dos”, confiesa Lidia Grichener y luego sigue: “Cuan­do una fa­mi­lia se acer­ca a Mis­sing Chil­dren, es­tá muy so­la y no sa­be qué ha­cer, y no­so­tros sen­ti­mos esa so­le­dad. Con una pa­la­bra de alien­to, acom­pa­ñán­do­los en la bús­que­da, no ne­ce­sa­ria­men­te les pro­me­te­mos que en­con­tra­re­mos a sus hi­jos, pe­ro sí es­ta­mos a su la­do to­do el tiem­po”.

Constantemente la presidenta de Missing Children destaca el valor de la difusión para obtener buenos resultados en sus búsquedas. “Mu­chas ve­ces com­pa­ra­mos con la si­tua­ción de un chi­co per­di­do en la pla­ya. Se lo po­ne en an­das, se ca­mi­na por to­dos la­dos y se aplau­de. En­ton­ces al­guien di­ce: ‘Ese chi­co es de tal lu­gar’”, cuenta a modo de ejemplo.

“Una vez que se en­cuen­tra al chi­co que se fue de su ca­sa, la fa­mi­lia de­be ser fuer­te pa­ra que él no ten­ga la ne­ce­si­dad de ir­se nue­va­men­te”,dice.

http://www.puntal.com.ar/notiPortal.php?id=22888

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. viernes, 10 de octubre de 2008
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Después de diez años, Videla perdió la prisión domiciliaria y fue llevado a Campo de Mayo

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El juez Oyarbide le quitó el beneficio que tenía desde hacía una década. Es por la causa en la que el ex dictador, de 83 años, está procesado por el robo de bebés durante la dictadura. Según argumentó el magistrado, la cárcel del predio militar "cuenta con el equipamiento, la infraestructura y el personal necesario" para atender cualquier emergencia médica. FotosVideosDefiniciones y momentos de un genocida. Por Franco Torchia

EX DICTADOR. El militar en una foto de agosto de 2007, cuando debió hacer frente a un tribunal. Esa fue una de sus últimas apariciones. (DyN)

Después de diez años, Jorge Rafael Videla dejó hoy el departamento de la avenida Cabildo al 600 que ofició de prisión domiciliaria en las múltiples causas en trámite por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Fue trasladado esta tarde a Campo de Mayo, por decisión del juez Norberto Oyarbide.

El magistrado le revocó el beneficio en el marco de la causa que lo investiga como presunto responsable de un plan sistemático de robo de bebés durante la última dictadura militar.

Oyarbide dispuso que el ex dictador cumpla a partir de ahora prisión preventiva bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal (SPF) en la Unidad 34, ubicada en el predio de Campo de Mayo, donde ya hay detenidos otros militares acusados de delitos de lesa humanidad.

Según el juez, esa dependencia "cuenta con el equipamiento, la infraestructura y el personal necesarios" para atender cualquier emergencia médica que pudiera sufrir el imputado.

Sucede que Videla cumplió en agosto pasado 83 años. Desde hacía diez que estaba recluido en su departamento por ser mayor de 70 años. Antes, había pasado durante 40 días por la cárcel de Caseros. Y se pueden contar los cinco años que estuvo preso por la condena a prisión perpetua del histórico juicio a las juntas militares de mediados de los 80.

Videla fue indultado en tres expedientes judiciales distintos: en ese de 1985, conocido como causa 13; en otro por el secuestro de dos empresarios, y en otro sobre la privación ilegal de la libertad del propio Carlos Menem. La Corte Suprema anuló la vigencia de los indultos el año pasado.

Además, el ex dictador tiene abiertas otras causas que no estuvieron comprendidas en los indultos de Menem porque se iniciaron después. Además de la del plan sistemático de robo de bebés está la vinculada con el Plan Cóndor.

Cada 48 horas, se denuncia la desaparición de un menor

. domingo, 5 de octubre de 2008
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Las mujeres adolescentes son las más involucradas. Desde el Juzgado de Menores admiten que falta una mayor estructura para atender los casos más graves. La mayoría se resuelve a la brevedad

Se­gún da­tos pro­por­cio­na­dos por el Juz­ga­do de Me­no­res de Río Cuar­to, ca­da dos días de­sa­pa­re­ce un ni­ño o ado­les­cen­te de su ho­gar aun­que hay se­ma­nas en las que se re­gis­tra un pro­me­dio de has­ta un ca­so por día.
Los he­chos se re­suel­ven, en su ma­yo­ría, a las po­cas ho­ras de efec­tuar­se la de­nun­cia por par­te de los pa­dres.
Son las mu­je­res, de en­tre 15 y 19 años, quie­nes ocu­pan el más al­to por­cen­ta­je en los ín­di­ces ofi­cia­les por la fu­ga del en­tor­no fa­mi­liar. Las cau­sas pue­den ser múl­ti­ples, pe­ro pre­do­mi­nan el mal­tra­to, la no acep­ta­ción de lí­mi­tes y la ne­ga­ción por par­te de los pro­ge­ni­to­res a ad­mi­tir un no­viaz­go de la me­nor.
Las de­nun­cias no siem­pre se pro­du­cen de for­ma in­me­dia­ta al mo­men­to en que se ad­vier­te la fal­ta del me­nor. Al­gu­nas se re­cep­tan va­rios días des­pués del he­cho por­que los pa­dres creen co­no­cer las cau­sas y has­ta los po­si­bles lu­ga­res don­de se en­con­tra­ría su hi­jo.
Una vez efec­tua­das las pre­sen­ta­cio­nes, el Juz­ga­do da par­ti­ci­pa­ción a la Di­vi­sión Ju­ve­ni­les de la Uni­dad De­par­ta­men­tal y se ini­cia una bús­que­da de pa­ra­de­ro a tra­vés de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción.
Ade­más, los fun­cio­na­rios ju­di­cia­les no­ti­fi­can los da­tos que ca­rac­te­ri­zan al me­nor y su fo­to­gra­fía a or­ga­nis­mos na­cio­na­les e ins­ti­tu­cio­nes re­la­cio­na­das al fla­ge­lo, co­mo Mis­sing Chil­drens.
Cuan­do se sos­pe­cha so­bre la pre­sen­cia de un he­cho de­lic­ti­vo vin­cu­la­do a la au­sen­cia de los chi­cos, o exis­ten se­ve­ras di­fi­cul­ta­des pa­ra su ha­llaz­go, se da in­ter­ven­ción al fis­cal de tur­no.
Ac­tual­men­te, exis­te una de­ses­pe­ra­da bús­que­da por Ni­co­lás Sa­be­na –que ya cum­plió la ma­yo­ría de edad–, quien de­sa­pa­re­ció de su ho­gar hace va­rias se­ma­nas y aún no hay da­tos cer­te­ros so­bre su pa­ra­de­ro. Has­ta se es­pe­cu­ló con un pre­sun­to se­cues­tro pe­ro la ver­sión fue de­ses­ti­ma­da por el fis­cal Wal­ter Guz­mán, a car­go de la in­ves­ti­ga­ción.
El juez de Me­no­res, doc­tor Jo­sé Va­re­la Geu­na, des­ta­có en diá­lo­go con PUN­TAL que “ge­ne­ral­men­te el ori­gen de las fu­gas son dis­cu­sio­nes con los pa­dres o re­la­cio­nes sen­ti­men­ta­les no acep­ta­das”.



Dro­ga



Las adic­cio­nes tam­bién pue­den ac­tuar co­mo un de­to­nan­te pa­ra la vo­lun­tad de es­ca­par por par­te de los jó­ve­nes.
“En­con­tra­mos si­tua­cio­nes de ca­pri­chos ado­les­cen­tes, mal­tra­tos fí­si­cos o psi­co­ló­gi­cos. Al­gu­nos ca­sos pue­den re­sul­tar gra­ves, aun­que son mi­no­ri­ta­rios. La de­ci­sión de ir­se de sus ca­sas pue­de es­tar li­ga­do a un efec­to con­ta­gio por la ac­ti­tud de sus pa­res o pue­de en­ten­der­se co­mo una ex­pre­sión del ado­les­cen­te de hoy. Han cam­bia­do no­ta­ble­men­te en los úl­ti­mos años los fac­to­res de con­vi­ven­cia, los va­lo­res y el sen­ti­do del res­pe­to”, con­si­de­ró.
Los ca­sos que se ju­di­cia­li­zan per­te­ne­cen a los sec­to­res me­dios y ba­jos. La pro­ble­má­ti­ca se ex­tien­de a to­dos los núcleos so­cia­les pe­ro, en las cla­ses me­dias al­tas y al­tas, se evi­ta el con­tac­to con la Jus­ti­cia.
Va­re­la Geu­na ad­mi­tió que las dra­má­ti­cas pér­di­das de los pri­mi­tos No­rie­ga, Lo­re­na, Ma­ría Lau­ra Man­si­lla, Mi­cae­la Ávi­la o Ale­jan­dro Flo­res pro­vo­có una es­pe­cial sen­si­bi­li­dad en los rio­cuar­ten­ses an­te la de­sa­pa­ri­ción de un ni­ño.
Sin em­bar­go, los pa­dres que pa­de­cie­ron la fal­ta de sus hi­jos en la ciu­dad y en otros lu­ga­res del país ad­vir­tie­ron so­bre la fal­ta de re­cur­sos del Es­ta­do pa­ra co­la­bo­rar en la bús­que­da cuan­do la si­tua­ción se ex­tien­de por me­ses y años.
El fun­cio­na­rio ju­di­cial coin­ci­dió en que “el Es­ta­do no es­tá pre­pa­ra­do para la mag­ni­tud que tie­ne el pro­ble­ma a ni­vel na­cio­nal”.
“Hay mu­chos es­fuer­zos in­di­vi­dua­les pe­ro fal­ta una ma­yor es­truc­tu­ra ins­ti­tu­cio­nal pa­ra afron­tar el con­flic­to. Hoy la tec­no­lo­gía per­mi­te na­cio­na­li­zar in­me­dia­ta­men­te la bús­que­da pe­ro se ne­ce­si­tan ma­yo­res re­cur­sos pa­ra ha­cer­la más efec­ti­va”, su­bra­yó.

Video y memoria: Berta, una historia sencilla

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Un video testimonial de la Universidad de Río Cuarto retomó la vida de Berta Perassi, en un homenaje a los desaparecidos por la dictadura.

Mi­ni su­per­cor­ta, ta­cos al­tos y una car­te­ri­ta al hom­bro. Fi­je­mos la ima­gen. Ber­ta Pe­ras­si, re­cién sa­li­da del se­cun­da­rio de mon­jas, ha­ce pie en la Uni­ver­si­dad de San Luis don­de lle­ga con el pro­pó­si­to de lo­grar el tí­tu­lo de psi­có­lo­ga.
Son los se­ten­ta. La uni­ver­si­dad es mu­cho más que una es­ca­le­ra al di­plo­ma y ella es­tá a pun­to de sa­ber­lo. Tan be­lla, tan vis­to­sa, y tan de­so­rien­ta­da co­mo ella, Ber­ta en­cuen­tra a una la­de­ra.


“Es­tába­mos las dos im­pe­ca­bles, pa­ra­di­tas ahí, fren­te a una mul­ti­tud de chi­cos de jeans y za­pa­ti­llas, mi­li­tan­tes de dis­tin­tas co­rrien­tes, to­dos lis­tos pa­ra cap­tar­nos po­lí­ti­ca­men­te”, evo­ca mu­chos años des­pués No­ra Lla­ver des­de el mis­mo pu­pi­tre de aque­lla uni­ver­si­dad.
No pa­só mu­cho an­tes de que las dos chi­cas lle­ga­das del in­te­rior pro­fun­do -Ber­ta de Co­ro­nel Mol­des, No­ra de un pue­bli­to men­do­ci­no- em­pe­za­ran a in­ver­tir el or­den de sus prio­ri­da­des. Si lle­ga­ron con la idea de re­ci­bir­se cuan­to an­tes, aho­ra eso que­da le­jos, en un se­gun­do pla­no, ab­sor­bi­das co­mo es­tán en la uto­pía de cam­biar una rea­li­dad que les due­le.
El mo­men­to com­par­ti­do fue eso, ape­nas un pe­da­ci­to de vi­da.


En el ‘73 Ber­ta vuel­ve pa­ra se­guir sus es­tu­dios y su mi­li­tan­cia en la Uni­ver­si­dad de Río Cuar­to. De nue­vo, el ca­mi­no al di­plo­ma em­pie­za a des­di­bu­jar­se por las ur­gen­cias. Ar­ma­da has­ta los dien­tes con lá­piz y pa­pel, em­pie­za a tra­ji­nar las ca­lles pa­vo­ro­sas del ba­rrio Acor­deón has­ta con­ver­tir­se en una más.
No es la úni­ca, en ca­da rin­cón don­de la po­bre­za as­fi­xia hay al­guien dis­pues­to a al­fa­be­ti­zar a los que nun­ca pa­sa­ron por una es­cue­la. Pa­sa en Río Cuar­to co­mo en to­do el país. Pe­ro de pron­to pa­sa me­nos, por­que ese re­gi­mien­to de chi­cos y chi­cas que bus­can des­per­tar en­tre los po­bres la con­cien­cia de que son per­so­nas con de­re­chos co­mo cual­quie­ra em­pie­za a ser vis­to co­mo una pie­dra en el za­pa­to.


Sus com­pa­ñe­ros sa­ben que a Ber­ta Pe­ras­si no le que­da mu­cho mar­gen de ac­ción en El Acor­deón. Las mu­je­res gol­pea­das que en­con­tra­ban en ella una pa­la­bra de alien­to, los hom­bres de ma­nos cur­ti­das que apren­die­ron de esa fla­qui­ta los ru­di­men­tos del lá­piz no en­tien­den por qué, de un día pa­ra el otro, ella tie­ne que de­jar to­do y huir ha­cia Cór­do­ba.
Los tiem­pos se pre­ci­pi­tan.
Cur­ti­da en la mi­li­tan­cia, se con­vier­te en de­le­ga­da gre­mial en la fá­bri­ca de ga­lle­ti­tas Lía. Se ti­ñe el ca­be­llo, se vuel­ve ca­si irre­co­no­ci­ble.
Por mu­chos años esas se­rán sus úl­ti­mas imá­ge­nes. Su fa­mi­lia en Mol­des no sa­brá na­da de ella. Un la­di­no ru­mor los ha­ce afe­rrar­se a la es­pe­ran­za: “Ber­ta es­tá vi­va, y en Mé­xi­co”.


Pe­ro el pa­so del tiem­po y la fal­ta de no­ti­cias les ha­ce pre­su­mir lo peor.
Hoy, se sa­be que Ber­ta fue par­te de las 2.500 per­so­nas que fue­ron de­sa­pa­re­ci­das en el cam­po de con­cen­tra­ción de La Per­la.
Su bio­gra­fía per­ma­ne­ció ig­no­ra­da has­ta ha­ce po­co cuan­do un ex no­vio exi­lia­do en Gi­ne­bra, Sui­za, se pro­pu­so res­ca­tar­la.



Da­vid An­den­mat­ten, quien tam­bién fue su com­pa­ñe­ro de mi­li­tan­cia, in­ves­ti­gó sus úl­ti­mos días, los de su de­sa­pa­ri­ción, y acer­có esa in­for­ma­ción a la Jus­ti­cia cor­do­be­sa.
Jun­to con otros, tam­bién lo­gró que el ba­rrio don­de ella en­se­ñó a leer y a es­cri­bir le de­di­ca­ra una ca­lle a su nom­bre.
Eso pa­só en no­viem­bre del año pa­sa­do y fue el ini­cio de lo que ven­dría des­pués. Los chi­cos de la es­cue­la del ba­rrio Las De­li­cias, de tan­to pa­sar por esa ca­lle de nom­bre ex­tra­ño, le pre­gun­ta­ron a la maes­tra quién era esa tal Ber­ta Pe­ras­si. La maes­tra les con­tó lo que sa­bía y esos chi­cos de­ci­die­ron que el me­jor ho­me­na­je que po­dían ha­cer­le era es­cri­bir­les una car­ta a su fa­mi­lia. Así fue co­mo el bu­zón de los Pe­ras­si se lle­nó de men­sa­jes que, ca­si inex­pli­ca­ble­men­te, atra­ve­sa­ron el tiem­po.


“Es una de las me­jo­res co­sas que pu­do ha­ber pa­sa­do”, di­ce An­den­mat­ten, el “sui­zo” que ya se es­tá acos­tum­bran­do a vi­si­tar Río Cuar­to ca­da vez más se­gui­do.
La sen­ci­lla his­to­ria de mi­li­tan­cia de Ber­ta -tan in­ten­sa y has­ta ha­ce po­co tan anó­ni­ma co­mo la de mi­les de com­pa­trio­tas- em­pe­zó a aflo­rar y a cre­cer.
Hoy tam­bién tie­ne for­ma de vi­deo. Se lla­ma “Al­go ha­brá he­cho”. Fue idea­do por Eduar­do Agui­rre, la mis­ma tar­de en que Pe­ras­si em­pe­zó a guiar des­de un no­men­cla­dor a los re­mi­ses y ta­xis­tas que lle­ga­ban a Las De­li­cias.


Des­pués de ocho me­ses de tra­ba­jo, el de­par­ta­men­to au­dio­vi­sual de la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Río Cuar­to ter­mi­nó de dar­le for­ma y lo es­tre­nó la no­che del miér­co­les.
Fue, cla­ro es­tá, en la ca­lle Ber­ta Pe­ras­si, en la ve­ci­nal del ba­rrio de don­de nun­ca de­bie­ron ha­ber­la echa­do, y es­tu­vie­ron los vie­jos jó­ve­nes de aque­lla épo­ca.
No­ra Lla­ver -la fla­qui­ta de mi­ni­fal­das de la fa­cul­tad de psi­co­lo­gía- hoy, a sus 56 años y due­ña de una se­re­na be­lle­za, no ar­chi­vó su an­ti­guo sue­ño: “Pa­ra mí, la me­mo­ria tie­ne que ser­vir pa­ra mul­ti­pli­car. La lu­cha de to­dos aque­llos que ya no es­tán ten­dría que cris­ta­li­zar en or­ga­ni­za­ción, en pro­fun­di­za­ción de la de­mo­cra­cia -di­ce-. To­da­vía nos fal­ta mu­chí­si­mo: nos fal­tan pi­bes y pi­bas que pue­dan pen­sar crí­ti­ca­men­te. Es­te es un ho­me­na­je a Ber­ta y tam­bién es una po­si­bi­li­dad de se­guir sem­bran­do”.


Tam­bién se la ve a Gra­cie­la Ochoa, com­pin­che de la ni­ñez de pue­blo. “Pa­ra mí es­to es el res­ca­te no só­lo de una bue­na per­so­na si­no de al­guien que tu­vo un com­pro­mi­so po­lí­ti­co y bus­có cam­biar las co­sas. Hay dis­tin­tas for­mas de ha­cer la his­to­ria. Se pue­de es­cri­bir “La Gran His­to­ria”, el gran re­la­to, o co­mo ocu­rre hoy, res­ca­tar la es­ce­na y lo que nos sor­pren­de de esa es­ce­na”.




Ale­jan­dro Fa­ra
afa­ra­@pun­tal­.co­m.ar

TATUADORES DEBERAN REGISTRARSE

. miércoles, 1 de octubre de 2008
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Agencia Télam

Córdoba. La norma que regula la actividad de quienes realizan tatuajes y body-piercing comenzó a regir ayer en Córdoba, por lo que estos trabajadores deberán contar con certificado habilitante.

Los cursos de capacitación comenzaron a desarrollarse desde ayer en el Servicio de Dermatología del Hospital Pediátrico del Niño Jesús, en la capital de Córdoba, y están destinados a todos los tatuadores y afines que realizan actividades sobre el cuerpo humano.

Profesionales de la salud y abogados ofrecen cursos sobre anatomía y fisiología, primeros auxilios, higiene y responsabilidad civil y penal. Los tatuadores deberán aprobar un examen final para recibir un certificado y ejercer la profesión en toda la provincia.